El Robo de la Corona

En la madrugada del 15 de septiembre de 1897el hermano lego Antonio Wernstre, da aviso al sacristán de santuario Rv. Padre Jorge M. Chaire que la Virgen había sido víctima de un sacrilegio. Los impíos malhechores se habían apoderado de la corona construida con el producto de los devotos de María, también falta la gargantilla de brillantes, dos cadenas, dos coronas de santos y demás objetos de valor que se utilizaban en el culto.

Conocido el sacrilegio los vecinos de Luján se agolparon inmediatamente en el santuario para conocer lo ocurrido. Al sexto día de la desaparición, se produjo el hallazgo de las joyas y la captura de los ladrones que estuvo a cargo de la policía de Bs. As. y de la Pcia.ciudad-milagrosa-robo-corona

Para apoderarse de la corona y de las sagradas alhajas, los ladrones violentaron el camarín, trabajo que duró dos horas. El comisario Carlos Costa fue uno de los efectivos que estuvo a cargo de la investigación y en un reportaje a la revista «Caras y Caretas» del 7-10-37, decía: «Se había sospechado de cuatro desconocidos que sos días antes partieron de la Capital en dirección a Luján.

Por vagos indicios supusimos que se hallaban en una estancia de Gral. Rodríguez. Ya en la estancia, todos los peones fueron sacados de sus lechos y los inspeccioné al aire libre, apartando del grupo a «Ángel Mimoso (A. Barba), Néstor Mezadri y a la mujer Josefina Zesvace, esposa de Cleto de quién suponíamos involucrada en el asunto.

Sólo uno de ellos, Néstor Mezadri perdió la tranquilidad cuando le pregunté bruscamente dónde estaba la corona. Me aparté con él y al llegar a un chiquero comenzó a temblar, entonces le entregué una pala y le hice cavar. A los pocos minutos apareció una bolsa de arpillera con las joyas».

Éstas luego fueron entregadas a la casa Guttozo Costa, de la ciudad de Bs. As., quienes fueron los encargados de realizar la restauración de la Corona. El hallazgo de la Corana produjo gran alegría realizándose una peregrinación el 7 de noviembre de 1897, donde la imagen fue coronada nuevamente.

En el momento en que el comisario Otamendi llegó a Luján para comunicar la noticia, encontró en el atrio a los padres Brignardelo y Naón, quienes avisaron a Monseñor Espinosa que se hallaba dando misa y al padre Salvaire que oficiaba en otro de los altares. Ambas ceremonias se convirtieron en un verdadero Tedeum. Las campanas se echaron a vuelo y el pueblo de Luján se agolpó al santuario.

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